ALIMENTACIÓN

- El día previo, antes de subir a la cordillera, es necesario preparar el cuerpo siguiendo una alimentación liviana a base de verduras, frutas, lácteos sin azúcar y carnes blancas o rojas bajas en grasa. Es importante limitar el consumo de alimentos muy condimentados (ají, ajo, cebolla) y aquellos que contengan elevado aporte de grasa como frituras o productos de repostería.
- Durante el primer y segundo día, se produce el periodo de adaptación, por lo que hay que seguir una alimentación que ayude a evitar la molesta hinchazón. Para esto se debe excluir los alimentos altos en grasas saturadas y muy condimentadas; las legumbres y algunas frutas y verduras como la cebolla, coliflor, brócoli, repollo, coles de Bruselas, pepino, rabanito, pera, melón y sandía.
- Otra recomendación, es no consumir bebidas estimulantes como café, mate y bebidas energizantes (reemplazar por infusiones y té), ya que sus efectos secundarios pueden alterar los parámetros de presión arterial. Hay que tomar en cuenta que pese a que se utilicen para combatir los efectos de fatiga y sueño, la presión arterial ya puede estar alterada en condición de gran altitud y su consumo puede tener consecuencias adversas, peor aún en quienes ya tienen alguna alteración cardiaca.
- Es importante mantener una alimentación, cuidando el tamaño de las porciones y la calidad nutricional de los alimentos, en el que predomine un consumo de frutas, verduras, lácteos, carbohidratos (fideos), carnes (pollo) por sobre alimentos de alta densidad calórica y procesados como son galletas, chocolates, jugos y bebidas azucaradas que preocupantemente son una alternativa real de colación en la actualidad.

HIDRATACIÓN
- Aumentar el consumo de agua 2 días previos en un 50% (2,5 litros al día) y evitar las bebidas gaseosas. Ingerir agua es importante para mantener la temperatura y la eliminación de desechos corporales, además de oxigenar nuestro cuerpo y reducir los efectos de fatiga y somnolencia. En condiciones de altura geográfica, el cuerpo se adapta a los cambios de presión atmosférica, lo que genera un aumento de la frecuencia respiratoria y, en consecuencia, produce mayor pérdida de agua.